Nada como elegir
Un día, cansada de troyanos y otras yerbas que se te instalan en tu querida computadora que tan bien anda, para dejarla lenta y pesada (o peor en el mejor momento de una presentación te abre una página porno adelante de los pasmados espectadores que no pueden creer la velocidad que has desarrollado para cerrar ventanas no deseadas) me animé instalar Firefox, luego de la acertada recomendación de algún buen amigo.
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